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El ritual de sacar a bailar tiene diferentes matices y reglas poco flexibles. Todo se basa en la búsqueda, la invitación, notar y el hacerse notar. Las posibilidades usuales son dos, aunque hay una tercera en discordia que dejaré para el final.
1) El hombre busca a una mujer con su mirada; si ella lo advierte y la contesta, el dará una señal sutil de asentimiento o de leve inclinación con la cabeza (*), si ella contesta con el mismo gesto, el hombre se acerca a la dama y juntos salen a la pista.
2) el hombre se acerca hasta la mesa de la dama, y gentilmente pregunta si esta desea bailar, si ella dice si, allí mismo comienza el baile. Si ella replica un no, el hombre dirá “gracias” y volverá por donde vino. En el dilema de que sistema es mejor, hay diversas opiniones, pero daré algunos datos, para que cada quien elija su favorito: Hay mujeres que prefieren ser sacadas con el cabeceo, y a otras que las busquen a la mesa. He escuchado decir a algunas que no les gusta que les pregunten en la mesa pues invaden su privacidad y las presionan con la propuesta; y a otras que ellas no miran “nunca”, y que si alguien quiere bailar con ellas, mas vale que este tome coraje y las vaya buscar. Entonces que hacemos los hombres ante tan diferentes opiniones? Si los hombres miramos a una dama y esta no parece saber que existimos es posible que no desee bailar con nosotros, pero que tal si ella anda distraída, mal ubicada o simplemente tiene mala vista? En este caso, vienen las complicaciones. Algunos hombres, le tienen terror al “no”. Otros, tienen terror a las malas bailarinas. Bien, aquí es donde se forman los hombres: “No hay rosas sin espinas” y El que no arriesga no gana. De nada vale quedarse sentado dudando, hay que ir y ver si nos dice que si, y luego si lo que parece realmente “es”. Y si no baila bien; bueno, bancarse estoicamente los cuatro temas de la tanda (*2), y si nos dice que no; bueno, otra vez u otra será, y allí haremos como dice el tango: "Fuerza, canejo, sufra y no llore, que un hombre macho no debe llorar". Ahora, si aún así no se traspasa ese miedo o el terror al no, para eso existe el cabezazo que es seguro, reservado y silencioso. Por otro lado también las milongas o los espacios determinan cual es el mejor modo para la invitación. Por ejemplo, Hay milongas con un espacio físico o amplitud tal, que es Imposible tener una mirada vasta de todas las damas; por consiguiente los hombres se verán obligados a movilizarse para primero observar y luego decidir si cabecean de parados, o si invitan a la mujer en su mesa. Varias mujeres se quejan de que en algunas milongas, no las sacan a bailar… Algunas mujeres son observadoras, otras ni se enteran de que las miramos y otras, sencillamente no tienen visión a distancia. (*3) Bien, aquí van algunos consejos para damas que bailan poco: Lo principal, es perder la timidez con la mirada, y estar atentas a los bailarines que las rodean, incluso quienes se sienten detrás de ellas; pero cuidado, este examen debe hacerse sutilmente, con miradas esporádicas y no muy rápidas. Cuando que se cruce la mirada con la del hombre, sostenerla unos segundos en espera de que el invite; una mirada decidida convence a la mayoría pero también es de gran ayuda una postura armada con aire de segura y sumando una cuota mínima de actitud seductora; esto da la sensación de que se quiere y de que se sabe bailar. Muchas veces a los hombres, nos gusta una dama que no conocemos y no sabemos si sabe bailar. Ante la duda, como saberlo? A veces mirarle los pies es la mejor manera de quitarnos la duda (*4). Esto no es infalible, pero me ha dado excelentes resultados: Un calzado sin agarre, zapatillas o botas suele indicar que esta mujer no sabe bailar y que solo fue a la milonga para ver como es el ambiente, o para acompañar amigos (No confundir con chatitas, sandalias cerradas o zapatos bajos, estos si son usados por bailarinas); Pero por el contrario, unos zapatos de taco, suelen indicar que ella quiere bailar, que sabe bailar, o que al menos ella cree que baila bien. Algo importante para las mujeres, es saber que se puede decir que no, si alguien las invita, pero llegado el caso, tengan en cuenta que es una situación incómoda, por tanto, se ruega sean gentiles y suaves en esta tarea, y si el “no” es por una situación momentánea, les recomiendo informarlo para no perder al bailarín, ya que algunos hombres ante esta situación, así como las mujeres, utilizan lo que se llama “lista negra”. (*5) Por último, nombraré el caso más inusual de todos y la tercera opción en discordia: Cuando la mujer se anima a sacar a bailar (*6). Personalmente, me encanta cuando una mujer me saca a bailar (me refiero a una que no me conoce), porque esto implica que esta mujer, traspasó los códigos rígidos y usuales de la milonga, y delante de todos, se acercó a mi afrontando el miedo del no y la crítica de los conservadores; todo por tener ganas de bailar conmigo, cosa que siento como un halago, pero lamento decirlo chicas: La mayoría de los hombres no gustan de esto. Así que si se deciden a sacar, antes de hacerlo; sugiero estén seguras de que este bailarín es alguien buena onda, relajado, con ánimo de divertirse y pasarla bien sin importar el nivel de baile, en ese caso, es muy posible que el diga que si… Por el contrario, nunca saquen a bailar un hombre de traje, casi seguro que no gustará de la situación. Para finalizar, sugeriría que nos tomemos el sacar a bailar como un juego más. Un juego de ritual sin miedos, donde se pueda disfrutar sentir la adrenalina que puede darnos la posibilidad de una negativa, la dificultad de la búsqueda y el misterio de no saber como baila a quien sacamos o quien nos saca y por supuesto, el placer del baile consumado, así como el gusto de la aceptación de alguien que disfruta el bailar con nosotros. (*) A este gesto se lo denomina “cabezazo” (*2) Una tanda equivale a cuatro Tangos, Valses o Milongas. (*3) Se recomienda usar lentes! (*4) Descontando tirarse a la pileta (*5) Lista con quienes no volveremos a bailar… ¡Jamás! (*6) No cuenta si ella saca a bailar un amigo o alguien con quien ya bailó.
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